¿ Problemas para entenderse ?

Cuando pregunté a mi amigo que es lo que le molesta más en el carácter de las mujeres, inmediatamente respondió que muchas veces le parece simplemente imposible entenderlas: “ Una chica preguntada sobre su opinión de un tema es capaz de cambiarla tantas veces que al final no se sabe si está a favor o en contra de algo”-dijo. Por eso los hombres creen que el “bello sexo” ni siquiera sí mismo está seguro de lo que quiere. Pero, ¿en realidad es así o solamente los que siempre necesitan una razón fija no son capaces de entender que según la importancia de un evento o las emociones y sentimientos la opinión se puede cambiar?

La mayoría de problemas entre los hombres y las mujeres procede de otros puntos de vista. Ellos prestan atención a lo lógico y concreto, les importan las acciones y sus resultados, mientras que a ellas lo único que vale tener en cuenta son los sentimientos que acompañan a un evento, los motivos de hacer algo, no el mismo hecho. Un ejemplo genial constituye la preferencia de tipos de las películas. ¿Habéis pensado alguna vez por qué a las chicas les gustan las comedias románticas cuando vosotros, chicos, no podéis soportar ver una vez más una historia que trata solamente del enamoramiento de dos personas? ¿Y por qué a vosotras, chicas, os aburre enormemente ser el testigo de cientos de asesinatos que encima es un acto brutal? Pues la conclusión es muy simple. Las películas románticas incluyen un montón de sentimientos relacionados con el proceso de enamorarse. Aparecen entonces todas las emociones que estimulan la imaginación de una mujer, gracias a las cuáles ella misma puede sentirse como la protagonista de esa historia. Por el contrario, los hombres encuentran en las películas de acción o policiacas lo más masculino, o sea, la fuerza, el poder, la lucha y la competición.

Y a propósito de la competición. Prestemos un poco más atención a una situación muy ejemplar. Una mujer y un hombre, digamos que Ana y Juan, van en coche de Loulé a Granada. Se han perdido en Sevilla hace media hora y Juan ha girado a la autopista A-49. – Creo que estamos volviendo a Loulé- dice Ana. – No, eso es corecto – niega Juan. – Me parece que nos estamos dirigiendo al oeste. – No seas ridícula. ¿Por qué crees que nos estamos dirigiendo al oeste? – Pues el sol se está poniendo delante de nosotros. – Pues, ¡si te molesta mi manera de conducir, puedes ir a Granada a pie! La reacción de Juan es obviamente demasiado severa, tanto más que Ana tiene razón dándole a Juan un argumento concreto. Y ¿qué le pasa a Juan que reacciona así? El problema es que él trató la observación de Ana como una crítica de su capacidad de encontrar la dirección adecuada, mientras tanto a Ana solamente le importaba llegar a Granada lo más rápido. ¡Recordad caballeros! A las mujeres no les encanta para nada luchar con vosotros. Si critican uno de vuestros comportamientos, lo hacen para que sepáis que no es bueno o que simplemente no les gusta. Ellas así solamente informan, no intentan ser vuestros peores enemigos.

Igualmente, no debéis defenderos cuando una mujer quiere hablar con vosotros de vuestros sentimientos. A muchos hombres les parece, como son duros e independientes, que no necesitan compartir sus emociones con nadie, porque eso significaría que no saben manejarse con problemas así mismos. En el fondo eso produce unos más, así que en situaciones estresantes todo lo malo se queda en vosotros, caballeros, y con el tiempo causa una depresión o algo peor. Si conocieráis un poco más a las mujeres, seguramente seríais conscientes de que su interés es sobre todo apoyaros creando a la vez una relación más cercana. Para ellas no sois menos fuertes cuando las confiáis, sino exactamente más responsables y listos y abiertos para nuevas soluciones, mostrándoles de esa manera que contáis con su opinión y que son importantes para vosotros.

En resumen, el modo de expresar y después comprender lo que quiere comunicarnos la persona del sexo opuesto puede causar unos problemas imprevistos. Sin embargo, el intercambio de ideas entre criaturas tan diferentes puede ser de verdad algo intrigante. Solamente hay que tener en cuenta que una situación puede ser interpretada completamente distintamente según quien es el interpretador.

Autora: Aleksandra Kler

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