Reflexiones familiares


“He decidido cambiar mi manera de escribir, ya que seguramente una parte de vosotros puede estar harta de leer solamente textos en lenguaje demasiado culto. Además, algunos temas no se deben tratar simplemente como una tarea escolar, un buen redactor tiene que ser flexible y creador. Entonces espero que os guste mi folletín…”

Acabamos de empezar el año nuevo, hemos celebrado la Nochevieja y la Navidad, pero yo sigo sintiendo ese ambiente excepcional de pasar el tiempo junto a mi familia y mis amigos. Parece que no estoy sola en mi convicción de que, a pesar de haber gente incapaz de entender el sentido adecuado de las fiestas navideñas, todos intentan disfrutar de esa temporada y de manera diferente a la que pasan el resto del año. Entonces queremos, o por lo menos nos sentimos obligados a prestar un poco más atención a los miembros de nuestra familia. Y aquí planteo las preguntas: ¿por qué nos cuesta tanto estar en algún otro momento con ellos? ¿De dónde hemos sacado la teoría de que es un aburrimiento inmenso o una perdida de tiempo cenar con nuestros abuelos o ayudar en quehaceres domésticos y en preparar platos festivos?

Claro, la última actividad sí tiene un objetivo, pues a casi todos les gustan las especialidades culinarias. El problema comienza cuando hemos de pasar, o en opinión de algunos solamente sobrevivir, varias horas hablando de todo y de nada, de las afecciones de los abuelos, de la nevera nueva que planean comprar nuestros padres (en vez de darnos dinero extra: es obvio que nosotros lo necesitamos más) o de los peinados maravillosos de las tías, los que no les añadirían nada a su belleza extraordinaria aunque los cambiaran cada día. Sí, esa es la parte de las fiestas familiares que mejor conocemos y que más odiamos. Pero, ¿si alguien se ha dado cuenta de que quizás esa situación se deriva del hecho de que exactamente no solemos pasar tiempo con nuestra familia? Sea suficiente comparar las aventuras inolvidables sobrevividas con nuestros amigos y unos contados viajes con nuestros padres que, al final, consistían en encontrarse de vez en cuando, o sea entre una fiesta con nuevos amigos a otra, en un lugar fijo para comer. Así que ¿cómo podemos decir que son menos interesantes si no tuvieramos la oportunidad de poder conocerles en realidad?

Se dice que la gente mayor, debido a su edad, tiene más experiencia. No debemos entonces evitar escucharla, sino saber aprovechar de su sabiduría y conocimiento. Tal vez nuestro abuelo sería un guía genial durante una excursión por una ciudad antigua o la abuela podría enseñarnos a preparar sus pasteles deliciosos. Además, sin duda alguna a nuestros padres también les gustaría descansar después de una semana llena de trabajo e ir con nosotros a un bar. ¿No podéis imaginaroslo? Nada más fácil que probarlo…

A lo de “con la familia se sale bien solamente en las fotos”, proverbio popular polaco, yo diría que mejor se sale a un paseo largo que termina en un sitio hogareño e inequívoco llamado nuestra casa familiar…

Autora: Aleksandra Kler